top of page

Abelardo de la Espriella: balazos y no abrazos

hace 11 minutos
3 min de lectura

Como salido de una película hollywoodense, Geovany Andrés Rojas, alias “Araña”, cabecilla de las disidencias “Comandos de la Frontera”, caminaba con la mirada clavada en el suelo, rompiendo la mítica imagen de ferocidad que durante años construyó a punta de fusil y terror en las selvas de la frontera del Putumayo, en Colombia.

El hombre que una vez ordenó masacres, controló rutas de cocaína y desafió al Estado, ahora avanzaba reducido a su mínima expresión: encorvado, envuelto en un chaleco antibalas que parecía pesarle más que la propia culpa y con los brazos firmemente amarrados por el frío metal de las esposas de Interpol.

El otrora vocero de los gestores de la paz evadió la justicia ante la figura legal que permite a miembros o exmiembros de grupos armados al margen de la ley salir de prisión para actuar como intermediarios o facilitadores en procesos de diálogo, desmovilización o sometimiento a la justicia entre el Gobierno nacional y las estructuras criminales, aun cuando era señalado por haber cometido 16 asesinatos contra civiles y comuneros que se resistían al tráfico de cocaína o a sus directrices. Incluso se le acusa de haber asesinado a su antiguo jefe, alias “Sinaloa”, para ascender al poder dentro de la estructura y obtener protección.


Ahí, parado cara a cara, escuchaba a Abelardo de la Espriella, presidente de Colombia, cuando daba la orden: “¡Traigan a esa alimaña! Miren el terror en los ojos de este narcoterrorista, asesino y secuestrador, cuyas víctimas sufrieron en el pasado, mientras hoy los ciudadanos sienten alivio y respaldo gubernamental”.

El capo ya no vestía de marcas italianas o francesas, ni lo blindaba el anillo de seguridad de sus sicarios, ni contaba con la protección de altos funcionarios del Gobierno de Petro, como Otty Patiño, quien en 2025 cuestionó el operativo de detención del narcotraficante, ejecutado por el CTI de la Fiscalía y agencias internacionales, así como la actuación de la Corte Suprema de Justicia, que ya había emitido un fallo a favor de la extradición a Estados Unidos. Además, había manifestado públicamente que este tipo de capturas “entrampaban” y ponían en riesgo la confianza de las mesas de paz.


Ahí estaba “Araña”, completamente solo, expuesto al escarnio público y convertido en el trofeo de guerra de un gobierno que necesitaba su caída para apuntalar su propia retórica de hierro.

Antes de su entrega, De la Espriella enfatizó: “Se concretó la extradición a Estados Unidos de alias Araña´, reflejando la firmeza del Estado contra el narcotráfico y la cooperación internacional. Colombia no se arrodillará ante las mafias y los criminales sentirán terror”. Aseguró que el Estado perseguirá, capturará y extraditará a los infractores, ejerciendo la seguridad con absoluta autoridad y dentro de la ley.

Justo antes de que el delincuente abordara el avión de las autoridades norteamericanas, De la Espriella se dirigió directamente al detenido y a las cámaras: “¡Interpol, procedan! Esperen un segundo... ‘Araña’, bienvenido a la patria Milagro, que viva Cristo Rey!”.

***

Más llagas


La presidenta de Costa Rica, Laura Fernández, inauguró oficialmente una nueva prisión de máxima seguridad llamada Centro de Alta Contención del Crimen Organizado (CACCO). Las autoridades confirmaron que las instalaciones y políticas de reclusión adoptan una estrategia de “mano dura” basada en el modelo penitenciario del presidente de El Salvador, Nayib Bukele.      

La megacárcel requirió una inversión de 35 millones de dólares y tiene capacidad para albergar hasta a 5 mil 100 reclusos de alta peligrosidad.


POR ADRIANA DELGADO RUIZ

@ADRIDELGADORUIZ

 
 
 

Comentarios


Entradas destacadas
Entradas recientes
Archivo
Buscar por tags
Síguenos
  • Facebook Basic Square
  • Twitter Basic Square
  • Google+ Basic Square

© 2019 by ADRIANA DELGADO. Derechos Reservados

bottom of page